Ponerse la armadura de Dios

Nafi y Kamran participaron en un golpe militar. Lucharon durante años y, cuando su bando ganó, les asignaron trabajos administrativos en la capital. Como hay poco que hacer, pasan tiempo en internet. Kamran señala: «La verdadera prueba no fue durante la [guerra]. En ese momento, todo era sencillo, pero ahora las cosas son mucho más complicadas». Ante las tentaciones en la web, dijo: «Muchos […] han caído en estas trampas aparentemente dulces, pero en realidad amargas».

Agentes de un Rey superior

Anna y su esposo vivían en Argentina con sus dos hijos. Eran reservados y hablaban español con fluidez. Pero no eran argentinos, sino agentes encubiertos; espías nacidos en otro país. Se habían perfeccionado para integrarse a la cultura anfitriona —hasta en cómo sostener el tenedor—, pero un cambio en su registro civil despertó sospechas y fueron descubiertos. Mientras los deportaban a su país de origen, Anna miró a su hija de once años. ¿Cómo le explicaría que no eran quienes ella creía?

Rebelión y regreso

En El salvaje, una película de 1953, Marlon Brando protagoniza a Johnny Strabler, un líder problemático y taciturno de una banda de motociclistas. En una escena, una joven observa la chaqueta de un miembro de la banda con las iniciales B. R. M. C. Al enterarse de que la R significa «rebeldes», le toca el brazo a Brando y pregunta: «Oye, Johnny. ¿Contra qué te rebelas?». Y él responde: «Contra lo que se te ocurra».

Abusar del nombre de Dios

La antigua fotografía de la Segunda Guerra Mundial, tomada fuera de la sede nazi de un pueblo, representa una advertencia para todos. En ella, una mujer bien vestida cruza la calle, un hombre de traje camina por la acera, mientras otro está detenido leyendo una cartelera en la esquina del edificio. Todos parecen ajenos a la enorme bandera que cuelga arriba de la puerta del frente, donde dice: «Al resistir a los judíos, lucho por la obra del Señor».

Sin favoritismo

En 1872, el presidente Grant fue detenido por conducir su carruaje imprudentemente por Washington D. C. Una publicación dice que el oficial William West, afroamericano, le advirtió: «Su conducción rápida, señor, […] pone en peligro la vida de los que tienen que cruzar la calle». Grant se disculpó, pero la noche siguiente hizo lo mismo. West lo detuvo y dijo: «Lamento mucho tener que hacerlo, señor presidente, porque usted es el jefe de la nación y yo apenas un policía, pero el deber es el deber». Y arrestó al presidente.

Nuestro valor en Cristo

Mario, de veintiocho años, era adicto al crack y al alcohol, y fue encarcelado por robo. En su sentencia, el juez dijo que era «un desperdicio de vida humana». Tristemente, él estuvo de acuerdo. A mitad de su condena, vio un anuncio para un concurso de periodismo. Le interesó y se inscribió en una universidad cercana en la que, después de su liberación, terminó su maestría en periodismo. Ahora escribe para The New York Times. ¡Ya no es un desperdicio!

Salvar vidas

Como miembro de la resistencia antinazi en Francia, Adolfo Kaminsky alteró documentos de identidad para salvar a cientos de los campos de concentración. Una vez, le dieron tres días para falsificar 900 certificados de nacimiento y 300 cartillas de racionamiento para niños judíos. Trabajó dos días sin dormir, diciéndose: «En una hora, puedo hacer treinta documentos. Si duermo una hora, morirán treinta personas».

Amar a Jesús por encima de todo

Los miembros de la iglesia preguntaron por qué compraban un campanario. ¿Era la mejor manera de usar los recursos de Dios? ¿Y qué de alimentar a los pobres? El pastor respondió que había que usar los fondos como deseaban los donantes. Y luego citó a Jesús: «a los pobres siempre los tendréis con vosotros» (Juan 12:8).

Lo que tu Padre celestial quiere

Esteban tomó su sierra y salió hacia el bosque. En ese momento, oyó a Augusto, de cinco años: «¡Espera, papá! ¡Quiero ir!». Con su sierra de juguete, guantes de trabajo y orejeras, siguió a su papá. Esteban le puso un par de troncos a una distancia segura. A los diez minutos, Augusto estaba agotado. ¡Cortar troncos con una sierra de juguete era trabajo duro! Pero estaba contento de «ayudar» a su papá, y su papá estaba encantado de pasar tiempo con su hijo.

Amar la verdad

Juan odia la escuela. Las clases de álgebra, gramática y la tabla periódica lo aburren. Pero le encanta construir casas. Su padre lo lleva a trabajar en el verano, y Juan no se cansa. Tiene apenas 16 años, pero sabe sobre cemento, tejas y armazones de paredes. ¿Qué diferencia hay entre la escuela y la construcción? Amor. Juan ama una cosa y no la otra. Su amor alimenta su conocimiento.